Obra fundamental de kant

La teoría pedagógica de i…

Fundamentos de la metafísica de la moral (1785; en alemán: Grundlegung zur Metaphysik der Sitten; también conocido como Fundamentos de la metafísica de la moral, Fundamentos de la metafísica de la moral y Fundamentos de la metafísica de la moral) es la primera de las obras de madurez de Immanuel Kant sobre filosofía moral y sigue siendo una de las más influyentes en este campo. Kant concibe su investigación como una obra de ética fundacional, que prepara el terreno para futuras investigaciones explicando los conceptos y principios centrales de la teoría moral y mostrando que son normativos para los agentes racionales.
Kant se propone poner al descubierto el principio fundamental de la moral y mostrar que se aplica a nosotros. Un aspecto central de la obra es el papel de lo que Kant denomina imperativo categórico, es decir, el concepto de que uno debe actuar sólo de acuerdo con el precepto que quiere que se convierta en una ley universal. Kant ofrece un argumento innovador según el cual la corrección de una acción viene determinada por el principio que la persona elige para actuar. Esto contrasta con las teorías del sentido moral y las teorías morales teleológicas que dominaban la filosofía moral en la época de Kant.

El imperativo categórico

Immanuel Kant (1724-1804) es uno de los filósofos más influyentes de la historia de la filosofía occidental. Sus aportaciones a la metafísica, la epistemología, la ética y la estética han tenido un profundo impacto en casi todos los movimientos filosóficos que le siguieron. Este artículo se centra en su metafísica y epistemología en una de sus obras más importantes, La crítica de la razón pura.    Una gran parte de la obra de Kant aborda la pregunta «¿Qué podemos saber?». La respuesta, si se puede enunciar de forma sencilla, es que nuestro conocimiento se limita a las matemáticas y a la ciencia del mundo natural y empírico. Es imposible, argumenta Kant, extender el conocimiento al reino supersensible de la metafísica especulativa. La razón por la que el conocimiento tiene estas limitaciones, argumenta Kant, es que la mente desempeña un papel activo en la constitución de las características de la experiencia y limita el acceso de la mente sólo al ámbito empírico del espacio y el tiempo.
Kant respondió a sus predecesores argumentando contra los empiristas que la mente no es una pizarra en blanco sobre la que se escribe el mundo empírico, y rechazando la noción de los racionalistas de que era posible un conocimiento puro y a priori de un mundo independiente de la mente.    La propia razón está estructurada con formas de experiencia y categorías que dan una estructura fenoménica y lógica a cualquier objeto posible de la experiencia empírica.    Estas categorías no pueden ser eludidas para llegar a un mundo independiente de la mente, pero son necesarias para la experiencia de los objetos espacio-temporales con su comportamiento causal y sus propiedades lógicas.    Estas dos tesis constituyen el famoso idealismo trascendental de Kant y el realismo empírico.

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La filosofía de Immanuel Kant (1724-1804) puede dividirse en dos grandes ramas. Su filosofía teórica, que incluye la metafísica, se basa en la comprensión racional del concepto de naturaleza. La segunda, su filosofía práctica, que comprende la ética y la filosofía política, se basa en el concepto de libertad. Ambas ramas han tenido una enorme influencia en la historia posterior de la filosofía.
En uno de los elogios filosóficos más conocidos de la historia, Kant atribuyó a la obra de David Hume (1711-1776) el mérito de haber interrumpido su «sueño dogmático» y de haber situado su pensamiento en un camino totalmente nuevo. Para comprender mejor los resultados de esta nueva línea de pensamiento, debemos considerar brevemente el «dogma» en cuestión, y el ataque de Hume contra él. La ortodoxia filosófica imperante en la época de Kant era un racionalismo expuesto por Gottfried Leibniz (1646-1716), y sistematizado por Christian Wolff (1679-1750). Según estos racionalistas, el conocimiento empírico basado en la experiencia es sospechoso porque está necesariamente ligado a las perspectivas subjetivas de los individuos. Dado que los sentidos humanos son intrínsecamente falibles, las investigaciones empíricas nunca podrán revelar cómo es realmente el mundo, sin estar contaminado por la perspectiva: el conocimiento objetivo del mundo sólo puede alcanzarse mediante el uso de la razón. Leibniz, por ejemplo, proporcionó una explicación del mundo derivada de la razón a partir de sólo dos principios básicos, que él creía que eran verdades evidentes.

Retroalimentación

que están sujetas, es de nuevo doble; pues estas leyes son o bien leyes de la naturaleza o bien de la libertad. La ciencia de las primeras es la Física, la de las segundas, la Ética; se llaman también filosofía natural y filosofía moral respectivamente.
No se piense, sin embargo, que lo que aquí se exige existe ya en la propedéutica prefijada por el célebre Wolf1 a su filosofía moral, es decir, su llamada filosofía práctica general,
llamada carácter, no es buena. Lo mismo ocurre con los dones de la fortuna. El poder, las riquezas, el honor, incluso la salud, y el bienestar general y el contento con la propia condición que se llama felicidad,
La tercera proposición, que es una consecuencia de las dos anteriores, la expresaría así: El deber es la necesidad de actuar por respeto a la ley. Puedo tener inclinación por un objeto como efecto de mi acción propuesta, pero no puedo tener respeto
su ley debe ser válida, no sólo para los hombres, sino para todas las criaturas racionales en general, no sólo bajo ciertas condiciones contingentes o con excepciones, sino con absoluta necesidad, entonces es claro que ninguna experiencia podría permitirnos inferir siquiera la posibilidad de tales leyes apodícticas (31).

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